¿Cuánto dura un beso de amor? se pregunta Matías Lira, director del filme Drama, muchos años después de aquella ocasión en la que un profesor le vaticinó: “Si no sabes cuanto dura un beso de amor, si no te has enamorado Matías no serás un buen actor”. Experiencias como estas motivaron lo motivaron a reflejar en su ópera prima algunos de los conflictos que vive la juventud en la actualidad y la presión que ejerce la sociedad sobre ellos. A partir de las experiencias de tres estudiantes de teatro que, influenciados por su profesor y la técnica actoral creada por el francés Antonin Artaud, comienzan a experimentar con sus propias vidas en busca de emociones y situaciones reales para llevar al escenario, Drama propone una reflexión en torno a la obsesión de estos jóvenes por querer ser los mejores, por buscar su identidad. Con esta cinta -ganadora del Fondo del Programa Ibermedia y del Work in Progress del Festival de Cine de La Habana- Matías invita a pensar que no es necesario vivir al límite para alcanzar el éxito. Esta vez, el teatro retorna como el espacio idóneo para penetrar las dicotomías interiores de los actores. Con una pasión envidiable hacia la vida y hacia las nuevas sensaciones, este joven realizador contagia a quienes se le acercan para conocer algunos detalles acerca de su debut como director y de su obra en concurso. ¿Por qué escoges el ámbito teatral como escenario para el filme? Tengo una gran admiración por el mundo del teatro, de la actuación. Mis películas favoritas son La noche americana de François Truffaut, El estado de las cosas de Wim Wenders, me fascina esa soledad que viven los actores, la capacidad de estar en dos mundos a la vez me parece extraordinaria. Por eso no hay nada que disfrute más que trabajar con los actores, creo que es el único momento en que el director se convierte en actor. Por otro lado, consideraba que el primer proyecto de un director debía partir de experiencias muy cercanas. Además de tener un vínculo muy estrecho con el teatro porque estudié Actuación, la historia forma parte de mi vida, puedo decir incluso que fue una catarsis. Me siento más liviano, una persona más pura después de haber hecho esta cinta. La película es totalmente un hecho real, por supuesto está la parte ficcionada relacionada con el pasado del protagonista, que a la vez está basada en una historia que le sucedió a otra persona que conozco. Matías, estudiaste teatro ¿Cómo llegas al cine y, más aún, a ser director de cine? Desde que soy muy pequeño siempre sentí que mi vocación era comunicar; hacía obras de niños, me gustaba mucho la reacción de la gente haciendo cualquier cosa. Era muy tímido pero a la vez tenía gran necesidad de ganarme el afecto de los demás. Por otro parte, siempre fui rebelde, había cosas que me cuestionaba constantemente. Entonces entré al mundo del teatro porque me parecía que era la mejor manera de transmitir lo que realmente quería decir. No había ninguna otra carrera que me pareciera más adecuada para expresar lo que estaba sintiendo y entonces estudié en la Escuela de Teatro de Fernando González. En esta profesión yo me reencontraba con la persona que realmente quería ser. Pienso que los grandes conflictos del mundo y de la gente existen porque nadie quiere entender, cuestionar la vida. Luego, estudiando teatro comprendí lo que significa ser director: uno puede abarcar más, puede hacer más de lo que hace un personaje. Fue un amor instantáneo y comencé a dirigir obras de teatro. Después estudié cine en UCLA (University of California, Los Angeles) y dediqué mucho tiempo a dirigir televisión en Chile hasta que decidí hacer una película. Escoges el medio del teatro dentro del cine, una tendencia recurrente en la historia del séptimo arte ¿Cómo fue el proceso de hacer un guión cinematográfico que reflejara el ambiente del teatro que es tan diferente al del cine? Como provengo del mundo teatral la primera versión del guión era también muy teatral en relación, por ejemplo, a los diálogos. Asimismo, no existía el lenguaje audiovisual tan necesario en un guión. Muchas veces se cree que escribir un guión es solamente crear los parlamentos y construir una escena. Sin embargo, el guión cinematográfico se construye pensando en las palabras y en la imagen. Para lograr esta combinación tuve la suerte de contar con la asesoría de Eliseo Altunaga, prolífero escritor cubano y Profesor Titular de la Universidad de Arte de los Medios de la Comunicación Audiovisual. Durante un mes estuve en La Habana y él me ayudó a perfeccionar lo que ya tenía hecho. Esta fue una experiencia extraordinaria tanto en el sentido profesional como en el personal. Altunaga me enseñó a pensar y escribir en cine, además me llenó de herramientas para que pudiera dirigir mejor la película. A su vez, este periodo en La Habana amplió mi mundo de sensaciones. Yo siempre estoy tomando lo que la vida me ofrece a diario, lo nuevo. No sé si tengo la vocación para hacer lo que hago, solo sé que yo quería ser comunicador y que voy adaptando lo que me pone la vida por delante como la experiencia de estar un mes en esta ciudad. La estancia aquí me llenó de tristeza, alegría, de algo. Lo importante es llenarse de algo, entender algo. ¿Qué te interesa transmitir con este filme a los jóvenes y al resto del público? Vengo de una familia conservadora y cuando llegué a la universidad fue que me comencé a hacer una idea acerca de la verdadera situación de mi país. La mitad de mis compañeros eran hijos de exiliados. Comprendí que se puede vivir durante mucho tiempo en una nube, yo había vivido en un mundo diferente. Cuando empecé a estudiar Teatro también comencé a estudiar la historia de Chile y a partir de ese momento me expuse a experiencias que no había tenido. Quisiera que la gente se acercara, a través de Drama, a situaciones desconocidas, a cuestiones que para muchos son ajenas. La película ataca, en primer lugar, la presión que ejerce la sociedad sobre los jóvenes con respecto a su futuro, a la formación de una familia, al éxito, al talento. Se les genera tal ansiedad que terminan haciendo muchas tonterías y sufriendo. Es importante que la gente entienda que la vida parte todo los días. Si me preguntan cuáles son las mayores satisfacciones de mi vida, diría: tener una linda persona a mi lado para compartir, poder dirigir actores, estar en el set de filmación haciendo lo que se pueda y ponerme metas más concretas. Cuando la gente se pone metas menos ambiciosas se empieza a dar cuenta de que todos los días tienen sus alegrías y sus decepciones. No se debe mirar al cielo como meta, hay que ir mirando cosita a cosita: leerse un libro, hacer un paseo. En este sentido, la película abraza a la juventud de todas partes y las ansiedades que llevan a los jóvenes hacia la droga, el alcohol. Pienso que la violencia está vinculada al deseo de borrarse de la sociedad en la que estamos viviendo, la cual impone retos todo el tiempo. Aun así, no tenía idea de hacer una película moral donde se dijera lo que es correcto o incorrecto, para mí todo es correcto. Desde el punto de vista audiovisual, Drama mantiene un ritmo coherente con las acciones ¿Cómo fue la relación con el director de fotografía para lograr esta correspondencia? En el hecho de hacer cine, lo más importante es que exista un lenguaje audiovisual. Creo que esa es la gran diferencia con la televisión o con cualquiera de las otras manifestaciones artísticas. Hay un lenguaje, una escritura, un personaje en este movimiento que facilita la cámara. Los grandes directores se han diferenciado por ese lenguaje que la gente no percibe textualmente pero que les fascina. Yo intenté utilizar estos códigos en Drama. Cuando los personajes están actuando en la vida cotidiana se utiliza un plano mucho más estable y cuando están actuando personajes en la calle, entonces se usa cámara en mano. Quizás no me funcionó todo lo que hubiera querido pero traté de ser consecuente con la idea de que el público sintiera el lenguaje audiovisual. El director de fotografía, Miguel Iván Littín -hijo del reconocido cineasta chileno Miguel Littín- me ayudó mucho en este proceso de concretar el guión con el lenguaje audiovisual. Estuvimos muy conectados todo el tiempo y eso fue valioso para lograr nuestro objetivo. Las escenas de teatro en las cuales se reconstruye el pasado están muy bien logradas ¿Cómo trabajaste estas dos facetas del teatro? Yo tenía un profesor de teatro que siempre me decía que había que reconstruir la escena del crimen, la situación detonante, el punzón. Aunque uno haya vivido una vida muy tranquila hay voces, sonidos, ecos del pasado. La película parte de la premisa de que hay un chico que tiene un trauma con la madre. No se sabe si ella tuvo problemas políticos, si fue desterrada por la dictadura o se fue con un amante. Entonces el muchacho cree que va a encontrar respuestas en el teatro. De ahí que me pareciera importante reconstruir el pasado, también mediante el teatro. ¿Por qué escoges una obra como Romeo y Julieta que habla del amor eterno más allá de la muerte, en una película donde los personajes constantemente se están traicionando a sí mismos, tratando de encontrarse? Escogí esta obra porque en Chile existía una compañía que se llamaba Teatro Itinerante, dirigida por Fernando González donde el actor protagónico era Alfredo Castro, protagonista de la multipremiada Tony Manero y de Post Mortem, largometraje de Pablo Larraín en concurso este año. Este grupo hacía teatro en plena dictadura y en la escena del destierro hablaban de política, la gente lloraba porque recordaban a quienes habían sido desterrados. Sin embargo, como era Romeo y Julieta nadie percibía nada raro y los militares no se metían con ellos. Esta obra es muy bella pero es también muy fuerte y por eso la seleccioné. Eres socio de la distribuidora de cine BF Distribution (Ex-Bazuca), empresa que domina el 14% del mercado de la distribución con películas como “Quién quiere ser millonario”, “Crepúsculo”, “Vicky Cristina Barcelona”, “El Secreto de sus ojos”, “La vida de los peces”, entre otras. ¿Cómo enfrentaste el reto de hacer una película diferente a las obras comerciales, exceptuando algunos casos, con las que a diario estas en contacto? Leo constantemente guiones y me relaciono todo el tiempo con el cine comercial, haber hecho una película que no tiene nada que ver con el cine que yo distribuyo pues ha ocasionado gran asombro en mis conocidos. Muchos me preguntan cómo pude hacer una película tan fuerte cuando yo en verdad no la veo tan fuerte. Creo que estamos en una crisis porque lo importante sería que hubiera más películas de autor, que el cine latinoamericano fuera visto más por los latinoamericanos. En cuanto a Drama, les cuento que yo soy muy agradecido de esta profesión; soy un sindicalista puro en el sentido de que me gusta trabajar con actores que hayan estudiado Actuación y técnicos que realmente estén trabajando en la industria. Admiro mucho a quienes se levantan a estudiar, a trabajar. A la vez, disfruto mezclar el oficio con la vida personal. Quería hacer algo ciento por ciento personal y siento que el cine de industria no tiene nada de personal sino que más bien es una caricatura de la vida. Comprendo que es un buen negocio, que funciona pero nunca pensé en hacer algo tan comercial. No subestimo ningún tipo de cine, al contrario, pienso que siempre hay algo que se puede rescatar. Sin embargo, considero que las películas deben transmitir algo y muchas veces el cine comercial no lo hace. Yo pienso que Drama logra, al menos, promover la reflexión en torno a ciertos conflictos. ¿Cuál ha sido la reacción del público chileno, de la crítica respecto al filme? Hay gente que odia a Drama y otros que la adoran. La crítica en Chile se dividió en dos grupos, uno me dio la nota mínima y el otro la máxima. Ha generado una contradicción muy fuerte. La película sin dudas puede crear un anticuerpo a primera vista pero por lo menos no te deja indiferente, eso es lo importante para mí. Hay algo ahí que a la gente le molesta mucho y le produce rechazo, a otros curiosidad. Muchos han dejado de hablarme luego de ver la película porque no comparten mis puntos de vista, porque viven en otros mundos y piensan que lo que allí sucede es mentira. Esto tiene que ver con lo que decía antes de buscar explicaciones, de escuchar a todo el que tenga algo que decir más allá de lo material. ¿Cómo valoras la situación que está viviendo la cinematografía latinoamericana en estos momentos? Para mí es difícil que no se vea cine latinoamericano en Latinoamérica. Agradezco a los festivales como este que muestran cientos de películas, ya que comercialmente no traspasan las fronteras. Es increíble pero la última película cubana que vi en Chile fue Fresa y Chocolate. Yo pienso que la hermandad latinoamericana no se ha concretado en la industria del cine, no hay paciencia para ver un filme de otro país. En estos momentos no existe un mercado de cine en el continente. Dentro de nuestros países deberían crearse otros espacios, más allá de los festivales, para mostrar lo que se hace en la zona. Es increíble que cosas así sucedan cuando, exceptuando a Brasil, hablamos el mismo idioma. Ahora mismo participo en un proyecto en el que se vinculan ocho países latinoamericanos, entre ellos Cuba. La película cuenta la historia de un hombre que recorre el continente buscando a una mujer y se relaciona con otros personajes muy interesantes. El objetivo es mostrar la idiosincrasia latinoamericana. Pienso que es importante que elevemos nuestra cultura cinematográfica. No hay necesidad de que los niños vean cinco películas de comics iguales si pueden ver también otro tipo de obras. Pero es tan difícil hacer una película y tan hermosa la profesión que cada vez me es más difícil criticar una producción porque pienso en el trabajo del director y de todo un equipo. Sin embargo, me cuestiono todo el tiempo lo que hacemos. ¿Cómo intentas subvertir esta situación desde la Distribuidora? A pesar de que mis socios son fanáticos al cine extranjero, siempre estoy buscando producciones latinoamericanas para distribuir. Voy al Festival de Cannes y busco aquello que pueda verse en Chile, de hecho acabamos de exponer las últimas películas chilenas. ¿Qué expectativas tienes con Drama en el Festival de La Habana? Me gustaría que le generara conflicto y conversación a la gente. Siento que existo cuando al público le gusta la película y reflexiona sobre lo que vio. Eso me hace sentir persona. Por Ana Lidia García y Marilyn Garbey |