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Alicia Scherson: El cine tiene que hacer preguntas
 
 

Bianca camina por Roma y Alicia Scherson escucha su voz lúcida, lejana y sabia. Bianca se cuestiona su presente y futuro, Alicia descubre a la protagonista de su próximo filme. Cierto día, por casualidad, la cineasta encontró Una novelita lumpen del escritor chileno Roberto Bolaño y quedó impresionada con esta adolescente que anda por una ciudad al borde del colapso: “Me cautivó su visión tan tremenda y desolada del mundo y enseguida supe que quería hacer una película con esta historia”, comentó Scherson a nuestro Diario.  

Así llegó la idea de su tercer largometraje El futuro, que obtuvo el reconocimiento de la crítica especializada en el más reciente Festival Internacional de Cine de Rotterdam (Países Bajos) y el del público en Sundance (Estados Unidos). Luego de Play (2005) –Coral de ópera prima en La Habana– y Turistas (2009), esta graduada de la Escuela de San Antonio de los Baños, decidió asumir la difícil empresa de adaptar al cine una obra literaria.

¿Cuáles fueron los mayores retos en el proceso de adaptación cinematográfica?

Necesariamente la película es una obra independiente; sin embargo, siempre quise respetar la trama de la novela. Todos los acontecimientos y personajes, así como la estructura temporal del libro, están en la cinta. Como la historia es corta, de unas 50 páginas aproximadamente, y tiene un argumento muy fuerte, me gustó el desafío de mantener esos aspectos. Ahora bien, la parte más interesante y compleja fue la de traspasar la atmósfera de la literatura a la película, porque son dos lenguajes diferentes. ¿Cómo llevar a escenas en movimiento la sensación que te deja la novela? Esa era una pregunta que me hacía todo el tiempo. Cuando uno lee el libro se da cuenta que está lleno de imágenes, pero Bolaño no es un escritor que utilice muchos adjetivos o describa cada uno de los ambientes donde se desarrolla la acción. No se encuentran en sus obras alusiones al color, las texturas, los olores.

Comprendí que la atmósfera literaria es algo que surge de manera muy sutil entre las palabras y hay que encontrar un paralelo para que surja también entre las imágenes. Ese proceso de búsqueda fue lo más entretenido y lo más difícil también. El sonido fue una herramienta que me ayudó mucho a transmitir las sensaciones.

Este filme –una coproducción con Alemania, Italia y España–describe un mundoatomizado, poblado de individuos solitarios, en el que las relaciones humanas y socialesse ven degradadas frente a un futuro que parece siempre incierto. ¿Por qué decidióhacer una película sobre este tema, que además se aleja de la realidadlatinoamericana?

Me interesa el modo en que la gente vive en el mundo contemporáneo, cómo nos las ingeniamos para sobrevivir, no solamente desde la perspectiva material sino también cómo resolvemos internamente nuestra existencia, cómo logramos estar bien en las circunstancias actuales. Creo que esa pregunta recorre mis tres películas. En tal sentido, me gustan los personajes en crisis que tienen que inventarse una estrategia para sobrevivir. Esta vez, tenemos a Bianca (Manuela Martelli) y a su hermano Tomás. Ellos quedan huérfanos, son adolescentes, están solos en el mundo, abandonan la escuela, inician un luto oscuro y peligroso, y descienden al submundo de una gran ciudad.

Debido a que la película no cuenta la realidad latinoamericana y no se desarrolla en el continente, queda fuera de muchas categorías. Por esa razón, me hizo muy feliz que el Festival de La Habana tuviera una visión vanguardista y la seleccionara. Las fronteras cada vez se disuelven más y el mundo se vuelve un lugar mucho más conectado. Creo que los festivales y las instituciones cinematográficas tienen que ir dando cuenta de dicho fenómeno. Muchos siguen pensando que el cine nacional es el que se hace en el país y con los ciudadanos de esa nación. Eso ya no es así, existen muchas mezclas y es común ver que una directora chilena como yo filme una película en Italia, con actores europeos y latinoamericanos, basada en la novela de un coterráneo que creció en México pero desarrolló su carrera en España. Así es nuestro mundo y somos un ejemplo desafiante en ese sentido.

¿Cuál cree que sea la responsabilidad social del cine?
 
Creo que el cine y el arte de manera general tienen que hacer preguntas sobre nuestra realidad, plantearnos problemas, desafíos. No me interesan las obras que dan respuestas. Sería muy soberbio pensar que los artistas podemos dar lecciones. Todo el tiempo observamos el mundo y lo cuestionamos y el arte es la mejor manera de exponer nuestras reflexiones.

¿Considera que el cine chileno está cuestionando la realidad?

Estamos viviendo un momento muy interesante, se han hecho muchas y muy buenas cintas en los últimos tiempos. Las obras son muy diferentes entre sí pero se puede hablar de un discurso sobre Chile en el cine. Además, los cineastas de mi país buscan estrategias nuevas para relacionarse con la política, la sociedad, alejados de los centros de atención. Las películas ya no siguen la estructura lineal de un conflicto central y un héroe que lo resuelve. De pronto, el héroe no es tan héroe, el problema central no es el más importante o lo es, pero los personajes se dan la vuelta y miran el paisaje y eso se vuelve más interesante. A veces, los caminos laterales son más entretenidos que el principal.

¿Esta amplia producción cinematográfica ha impulsado nuevas leyes que regulen elmercado y aseguren una correcta distribución del cine nacional?

Seguimos sometidos a la hegemonía del cine comercial norteamericano que nos satura las pantallas de una manera violenta. Como tenemos tanta producción empezamos a tener problemas de exhibición, ya los directores no encuentran lugar ni para estrenar sus filmes. Eso sucede porque en un mismo multicine el 80% de las salas están tomadas por la misma película hollywoodense. Solo el Estado puede regular esa situación. Si se deja el cine, la cultura de manera general, en manos de las leyes del mercado, el saldo va a continuar siendo muy negativo.

¿Qué acciones propone para revertir esa realidad?

Lo primero que debe suceder es que los decisores comprendan que el cine es un bien de valor patrimonial; por lo tanto no debe estar sometido a las leyes de la libre competencia. Por otro lado, es inminente crear políticas de educación para la recepción, porque el público se ha des-alfabetizado. Ya casi no tenemos cines en Chile porque los han cerrado y los que quedan solo exhiben películas de Hollywood, entonces las personas han perdido la costumbre de ver producciones nacionales o latinoamericanas. Todos saben que esas son las soluciones, solo necesitamos que alguien con mucha valentía las lleve a cabo.

Por Ana Lidia García

 
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